lunes, julio 04, 2005

El diario ha comenzado. El curso también. Hoy tenemos menos incertidumbre: algunas caras en la memoria anuncian repetición. Pocas están acompañadas de nombre, algo les permitió que quedaran más grabadas en la memoria. El chato anda todavía circulando por las ruinas del Claustro y Ventura se fijó como signo de buena estrella.
La lista está completa. Zacatecas no será. Serán 26.
Los soldados, los árboles de navidad, las mariposas y una que otra princesa se quedaron combatiendo la incómoda situación de un transporte que no salía, que no llegaba, que no. Como si quisieran indicar que los pasteles y los colores pueden lidiar con los fantasmas.

Tengo por acá tres textos que han decidido poner en común un buen augurio. Los tres coinciden: el equipo está integrado y hay emoción por comenzar. Hay confianza. Hay, también, deseo de servir. La finalidad de este diario es, tan sólo, llevar a los demás lo que me han entregado individualmente, hacer un recorte, arbitrario, personal, de lo que me comienza a resonar y de lo que me interesa compartir. También intenta ser una forma de atravesar algunas de las ataduras que nos colocan en los lugares fijos en los que día con día nos encontramos. Mostrar las afecciones, los efectos, los afectos que sin tener previsto nos dislocan y que pueden convertirse en impactos que nos lleven a un lugar distinto del que nos encontrábamos.
No estaría interesado en un servicio social, sea éste el que sea, que no permita movernos del suelo en el que nos habíamos colocado. Mucho menos si el servicio se plantea como finalidad ofrecer un espacio para trabajar con niños. Por ello, quisiera que este espacio fuera común. En el sentido de poder poblarlo de sus textos para que los que hablemos desde él seamos todos, o sea la conformación el equipo de trabajo. Lo que no implica crear comunión, comunidad, integración absoluta. La ingenuidad se me da aveces, pero no como para imaginar que la experiencia será increíble, maravillosa, única. Aunque, no puedo evitar que la ingenuidad me siga dando para creer que algo podemos hacer para sostenernos entre nosotros, provocarnos entre nosotros, afectarnos entre nosotros, y poder así darle algo más a los niños.
Por ello cierro el día con tres fragmentos, breves, de los dicho por tres de ustedes. Van sin nombre, por ahora, para dejar que sea el anonimato el que nos obligue a pensar que algo de lo dicho lo estábamos pensando todos.

"A un día de dar inicio el curso de verano, puedo decir que me siento mucho más segura y emocionada que cuando iniciamos este proyecto. Las pláticas, talleres y demás asesorías que recibimos, me ayudaron en muchos sentidos: pude acercarme más al equipo de trabajo, reafirmar o cambiar conocimientos en torno a los niños, así como reflexionar acerca de la problemática indígena, y lo más importante es que siento que participar en este curso es un verdadero servicio social"

"creo que los nervios han crecido pues hemos trabajado tanto en ello que no quisiera que saliera mal, pero por otro lado me siento tranquila porque tenemos un equipo sólido, unido y lo más importante con ganas e ilusión..."

"lo único que resta es confiar en que todo resultara como se ha ideado, sin pensar, claro está, que no estemos exentos de que salga algún percance, puesto que siempre sucede al trabajar con niños y lo pienso más que nada por el tipo de edad de la población a trabajar".