Si no han leído lo anterior, comiencen por ello, si ya lo hicieron pueden seguir leyendo estas lineas:
El diario 2 de Nallely que ayer llegó a todos, me dejó pensando en uno de los asuntos centrales que atraviesa radicalmente el tema del servicio social. En buena medida la tradición cultural que nos define lo ha catalogado, más que como un tema, como una de las virtudes centrales del ciudadano moderno. Se trata de la responsabilidad y de las múltiples preguntas que esta temática abre por sí misma y que además abre para nosotros que realizamos una de las tareas a través de la cual los estudiantes y las instituciones de educación superior cumplen con algunos de los encargos, deberes, funciones sociales.
De entrada valdría la pena preguntarse, casi en abstracto, que entendemos por responsabilidad y cómo se vincula el concepto con otros que brotan casi de manera automática cuando esta se nombra: libertad, autonomía, soberanía, voluntad, poder, autoridad, sociabilidad, justicia, igualdad. Es decir, parece que podríamos poner en revisión (usando como temática central de reflexión la responsabilidad) el orden cultural que el mundo moderno ha creado desde la Ilustración.
Sin hacer ninguna reflexión sistemática, seria, formalmente fuerte, podríamos mencionar sintéticamente los vínculos que las palabras establecen tal y como las usamos desde el siglo XVIII en nuestro horizonte cultural, para revisar el horizonte político que este imaginario cultural produce. La sociedad se constituye por individuos libres, autónomos, racionales, quienes, por encima de sus particularidades culturales, grupales o gremiales, dirimen en el espacio público los conflictos que la interacción social produce con el fin de organizar un estado de derecho, consagrado por un orden jurídico -constituido por el poder judicial- que puede ser revisable y modificable –por el poder legislativo- y que tiene un encargado de hacer cumplir la Ley -poder ejecutivo. Ley que, según expresa el orden moderno, constituye los imperativos que la sociedad misma defina a través de sus representantes. Ley que puede ser discutida en los espacios consagrados para la opinión pública: desde las plazas, hasta la prensa, los medios de comunicación, los libros, etc. Por ello, la normatividad será la primera de las cláusulas necesarias para garantizar el orden social. Cumplir la ley, obedecerla, pero también cuestionarla bajo los principios de la racionalidad: argumentación, discusión, acuerdo, son parte de las responsabilidades que permiten que un individuo se convierta en ciudadano. Otras son menos claras: como por ejemplo, realizar diagnósticos críticos que permitan revisar si la sociedad vive en las condiciones de equidad que esta misma supone para funcionar como dice que funciona. O trazar una serie de acciones que contribuyan a reducir la desigualdad fáctica que toda sociedad produce en su desarrollo. Otro ámbito moderno de la noción de responsabilidad es la que cada uno tiene consigo mismo. Es decir, el cuidado de sí, la construcción de uno mismo. Resulta una de las resposnabilidades más complejas que la sociedad introduce en cada uno de nosotros, más compleja y más paradójica, pero no por ello menos importante.
En este sentido la autonomía, la posibilidad de regirse por uno mismo, la soberanía, la constitución de un espacio dominado por aquellos que lo habitan y la libertad, la posibilidad de definir y orientar las acciones por uno mismo, serán pieza clave del orden social instaurado desde la ilustración. Autonomía que se desliza por todo el espectro de lo social, produciendo unidades diferenciadas entre ellas, en función de la producción de reglas propias. El arte se mide bajo las reglas del arte, la economía igual, la ciencia a través de las suyas. Cada nueva configuración que la sociedad produzca estará sometida, de la misma forma, a la producción de sistemas normativos que permitan a sus miembros, entenderse y actuar. Ello no implica una separación absoluta de la sociedad. Se trata de una diferenciación funcional: la sociedad funciona a través de la constitución de sistemas o campos autónomos que se vinculan o acoplan de manera compleja, no mecánica, y diferente en cada orden cultural o histórico.
Bajo este orden de ideas, el Estado, el Estado nacional, se había convertido en el principal vector de ordenamiento. Siguiendo a la sociología clásica desde Weber, el estado, al monopolizar el ejercicio de la violencia tuvo la posibilidad de establecer un ordenamiento que beneficiara al colectivo que éste nada más representa. El poder, en bruto, estaba al servicio de la sociedad, y la sociedad debía o podía ponerlo en cuestión, criticarlo, responsablemente, cuando este se desviara de los intereses de la colectividad, o cuando cualquiera de los funcionarios públicos actuaran bajo imperativos personales y no bajo la normatividad consagrada en el orden jurídico por excelencia: la constitución. El ciudadano responsable era aquel que podía distanciarse de su particularidad para ejercer, a través de su opinión crítica y racional, universal y argumentada, un freno a los posibles intentos de tiranía de gobierno al que se le había encargado el ordenamiento del Estado.
Visto así, rápido y sin detenernos a precisar mejor las cosas, escribiendo mientras llegan los niños. Me gustaría sugerir algunas preguntas para poner a debatir las respuestas que ustedes encuentren:
¿Quién es responsable del servicio social que estamos haciendo?
¿Qué Ley nos exige participar en este acto?
¿Estamos obligados por una Ley exterior que no nos permite asumir una responsabilidad?
¿Para quién elaboramos reportes, diarios, programas, talleres?
¿A quién y cómo podemos recriminar cuando algo sale mal?
¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad y en dónde termina?
¿De qué nos sirve vincularnos con otras instancias de servicio social de la UCSJ –Psicología, Coordinación de Programas Comunitarios, etc- para hacernos co-responsables de un servicio?
¿De qué nos sirve vincularnos con otras organizaciones, gubernamentales o no –Gobierno del DF, Promotores, etc, para llevar a cabo nuestro proyecto?
¿Hasta dónde debemos y podemos hacer co-responsables del servicio a los beneficiarios del mismo (niños de los predios y comunidad del predio en general)?
Agarren una de ellas, dos, tres, las que quieran. Y si se puede escriban algo sobre las mismas.
Dejo hasta acá. Próximamente vendrá otro rollito que tenga la intención de ofrecer el panorama general en el que se inserta nuestra participación con los niños de los predios, es decir, se tratará de reflexionar brevemente sobre un mundo en donde el estado ha dejado de lado sus “obligaciones” sociales.
Y luego, ya en colectivo, me gustaría que lográramos escribir algo en torno al escenario más concreto en el que nuestro trabajo se realiza: para ver las necesidades, demandas, intereses de los actores que estamos involucrados: predios, gobierno del D.F. a través de su Secretaría de Desarrollo Social y su programa de Equidad, Promotores, Universidad, Servicio Social Comunitario, Colegio de Arte y Cultura, Profesor de Tiempo Completo, alumnos.
Lo anuncio como expectativas de temas que me interesa atender y en los que ando pensando.
El diario 2 de Nallely que ayer llegó a todos, me dejó pensando en uno de los asuntos centrales que atraviesa radicalmente el tema del servicio social. En buena medida la tradición cultural que nos define lo ha catalogado, más que como un tema, como una de las virtudes centrales del ciudadano moderno. Se trata de la responsabilidad y de las múltiples preguntas que esta temática abre por sí misma y que además abre para nosotros que realizamos una de las tareas a través de la cual los estudiantes y las instituciones de educación superior cumplen con algunos de los encargos, deberes, funciones sociales.
De entrada valdría la pena preguntarse, casi en abstracto, que entendemos por responsabilidad y cómo se vincula el concepto con otros que brotan casi de manera automática cuando esta se nombra: libertad, autonomía, soberanía, voluntad, poder, autoridad, sociabilidad, justicia, igualdad. Es decir, parece que podríamos poner en revisión (usando como temática central de reflexión la responsabilidad) el orden cultural que el mundo moderno ha creado desde la Ilustración.
Sin hacer ninguna reflexión sistemática, seria, formalmente fuerte, podríamos mencionar sintéticamente los vínculos que las palabras establecen tal y como las usamos desde el siglo XVIII en nuestro horizonte cultural, para revisar el horizonte político que este imaginario cultural produce. La sociedad se constituye por individuos libres, autónomos, racionales, quienes, por encima de sus particularidades culturales, grupales o gremiales, dirimen en el espacio público los conflictos que la interacción social produce con el fin de organizar un estado de derecho, consagrado por un orden jurídico -constituido por el poder judicial- que puede ser revisable y modificable –por el poder legislativo- y que tiene un encargado de hacer cumplir la Ley -poder ejecutivo. Ley que, según expresa el orden moderno, constituye los imperativos que la sociedad misma defina a través de sus representantes. Ley que puede ser discutida en los espacios consagrados para la opinión pública: desde las plazas, hasta la prensa, los medios de comunicación, los libros, etc. Por ello, la normatividad será la primera de las cláusulas necesarias para garantizar el orden social. Cumplir la ley, obedecerla, pero también cuestionarla bajo los principios de la racionalidad: argumentación, discusión, acuerdo, son parte de las responsabilidades que permiten que un individuo se convierta en ciudadano. Otras son menos claras: como por ejemplo, realizar diagnósticos críticos que permitan revisar si la sociedad vive en las condiciones de equidad que esta misma supone para funcionar como dice que funciona. O trazar una serie de acciones que contribuyan a reducir la desigualdad fáctica que toda sociedad produce en su desarrollo. Otro ámbito moderno de la noción de responsabilidad es la que cada uno tiene consigo mismo. Es decir, el cuidado de sí, la construcción de uno mismo. Resulta una de las resposnabilidades más complejas que la sociedad introduce en cada uno de nosotros, más compleja y más paradójica, pero no por ello menos importante.
En este sentido la autonomía, la posibilidad de regirse por uno mismo, la soberanía, la constitución de un espacio dominado por aquellos que lo habitan y la libertad, la posibilidad de definir y orientar las acciones por uno mismo, serán pieza clave del orden social instaurado desde la ilustración. Autonomía que se desliza por todo el espectro de lo social, produciendo unidades diferenciadas entre ellas, en función de la producción de reglas propias. El arte se mide bajo las reglas del arte, la economía igual, la ciencia a través de las suyas. Cada nueva configuración que la sociedad produzca estará sometida, de la misma forma, a la producción de sistemas normativos que permitan a sus miembros, entenderse y actuar. Ello no implica una separación absoluta de la sociedad. Se trata de una diferenciación funcional: la sociedad funciona a través de la constitución de sistemas o campos autónomos que se vinculan o acoplan de manera compleja, no mecánica, y diferente en cada orden cultural o histórico.
Bajo este orden de ideas, el Estado, el Estado nacional, se había convertido en el principal vector de ordenamiento. Siguiendo a la sociología clásica desde Weber, el estado, al monopolizar el ejercicio de la violencia tuvo la posibilidad de establecer un ordenamiento que beneficiara al colectivo que éste nada más representa. El poder, en bruto, estaba al servicio de la sociedad, y la sociedad debía o podía ponerlo en cuestión, criticarlo, responsablemente, cuando este se desviara de los intereses de la colectividad, o cuando cualquiera de los funcionarios públicos actuaran bajo imperativos personales y no bajo la normatividad consagrada en el orden jurídico por excelencia: la constitución. El ciudadano responsable era aquel que podía distanciarse de su particularidad para ejercer, a través de su opinión crítica y racional, universal y argumentada, un freno a los posibles intentos de tiranía de gobierno al que se le había encargado el ordenamiento del Estado.
Visto así, rápido y sin detenernos a precisar mejor las cosas, escribiendo mientras llegan los niños. Me gustaría sugerir algunas preguntas para poner a debatir las respuestas que ustedes encuentren:
¿Quién es responsable del servicio social que estamos haciendo?
¿Qué Ley nos exige participar en este acto?
¿Estamos obligados por una Ley exterior que no nos permite asumir una responsabilidad?
¿Para quién elaboramos reportes, diarios, programas, talleres?
¿A quién y cómo podemos recriminar cuando algo sale mal?
¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad y en dónde termina?
¿De qué nos sirve vincularnos con otras instancias de servicio social de la UCSJ –Psicología, Coordinación de Programas Comunitarios, etc- para hacernos co-responsables de un servicio?
¿De qué nos sirve vincularnos con otras organizaciones, gubernamentales o no –Gobierno del DF, Promotores, etc, para llevar a cabo nuestro proyecto?
¿Hasta dónde debemos y podemos hacer co-responsables del servicio a los beneficiarios del mismo (niños de los predios y comunidad del predio en general)?
Agarren una de ellas, dos, tres, las que quieran. Y si se puede escriban algo sobre las mismas.
Dejo hasta acá. Próximamente vendrá otro rollito que tenga la intención de ofrecer el panorama general en el que se inserta nuestra participación con los niños de los predios, es decir, se tratará de reflexionar brevemente sobre un mundo en donde el estado ha dejado de lado sus “obligaciones” sociales.
Y luego, ya en colectivo, me gustaría que lográramos escribir algo en torno al escenario más concreto en el que nuestro trabajo se realiza: para ver las necesidades, demandas, intereses de los actores que estamos involucrados: predios, gobierno del D.F. a través de su Secretaría de Desarrollo Social y su programa de Equidad, Promotores, Universidad, Servicio Social Comunitario, Colegio de Arte y Cultura, Profesor de Tiempo Completo, alumnos.
Lo anuncio como expectativas de temas que me interesa atender y en los que ando pensando.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home