Los diarios comienzan a diversificarse. A tal grado, que resulta imposible comentar e introducir sus movimientos en esta página sin sentir que algo queda fuera. La posibilidad de darme cuenta de esta situacón la generó la llegada de dos diarios nuevos. El de Karen y el de Norma. Ambas habían permanecido en silencio, no sólo en relación al envío o no envío de sus notas, sino incluso a la exposición de su vivencia aunque sea de manera oral -por cierto, ¿qué ha pasado con los diarios de la oralidad?- lo que no impedía que todos notáramos su presencia, aunque no supiéramos bien a bien qué les estaba pasando, cómo lo estaban viviendo.
De entrada comento el texto de Norma. Es interesante, sobre todo, porque muestra un interés por aquellos niños que se han quedado fuera de las actividades, en parte por su edad, pero en parte, también, porque no se dejan atrapar tan fácil. No sólo por "latosos", "inquietos" o "traviesos", sino porque algo en ellos, a mi me lo parece, indica cierto malestar. No con nosotros, creo, sino con su situación, con las "oportunidades" vitales, con sus condiciones de vida. No es lo mismo entrar a formar parte del mundo a los ocho, nueve o diez años que a los doce o trece; las responsabilidades, las posibilidades, la socialización incluso, cambia rádicalmente.
Los niños, dicho así en abstracto, parecen estar más cerca del adulto sin que ello agreda su personalidad, se integran con nosotros y de alguna manera trabajan para que los veamos trabajar, para que valoremos o no sus actividades, para entregarnos un poco de lo que han hecho. Así, me parece, reciben nuestro interés de manera gratificante, se sienten mirados y responden participando con gusto en las actividades. Al parecer son "individuos solitarios" que se vinculan con los adultos directamente, personalmente. Eso facilita la relación.
Los "chavos", también es pura especulación, no funcionan así. Antes de estrechar o trazar una relación con nosotros, deben solicitar autorización al interior de su grupo. Ellos no se vinculan con alguno de nosotros de manera personal o directa, sino a través de los que el grupo es y lo que el grupo necesita. Son un grupo, por ello, mientras más integrantes lo conformen más complicado es entrar entre ellos para invitarlos a participar. Norma lo comentaba, individualmente parece que no les interesa, y es que no pueden mostrar nada individualmente si no es aprobado por el resto del grupo. Pasó un poco en la actividad de la plastilina. Ahí los grandes no podían trabajar sin pedirle al de junto que le señalara la pertinencia o no de su figura, pero no se sumaban para construir una visión común, sino para desmontar toda posibilidad de hacer algo en común, y mucho más si ello implicaba sumarse a un colectivo que no era el que sentían cercano (con niñas o con niños más chicos.)
Los niños chicos son diferentes, ellos también requieren aprobación pero la buscan con nosotros, les preocupa no hacerlo "bonito" pero el que mide esa calidad no es el de junto sino los adultos. Ninguno, evidentemente, está fijando un criterio de "calidad" autónomo, quizá alguno de ellos, como Darío (me parece) que aveces logra clavarse y elaborar sus temas para él, porque le gustan. Otras veces alguno de los grandes puede tratar de safarse de la mirada de su compañero para lanzar una imagen que diga algo de su situación, que exprese un poco lo que le pasa. Creo que es por ahí por donde debemos seguir fomentando su trabajo. Que expresen y que digan con los materiales, la pintura, las actividades, lo que les incomoda o molesta, lo que les irrita. Evidentemente no se trata de "hacer estallar una bomba," no creo que tengan la confianza para hacerlo, además tampoco son tan grandes, y de pronto siguen moviéndose en este ámbito en donde al dejar de ser niños y no tener un grupo propio (chavos de su edad que imponen una serie de normas, reglas, pautas, etc.) se les puede interrogar sobre ellos mismos, sobre su distancia ya clara con sus mayores y sobre su distancia, también real, con los chavos más grandes con los que viven y que aun no dominan o marcan sus comportamientos. Pura especulación que podría servirnos para enfrentar diferencialmente (sin marginarlos) a los que están generando situaciones nuevas.
El diario de Karen también fue importante. En él aparece en escena el trabajo talachudo que poco se ve y que permite cierto funcionamiento. Importa tener presente su esfuerzo y su interés para hacerles nuestras observaciones y para acompañarlas un poco más en sus tareas. Para introducir a los niños en su espacio y para hacerles notar el esfuerzo que implican estas tareas. Recordemos, sólo como ejemplo, a las madres solicitando un poco de apoyo o comprensión por el desgaste de un trabajo hogareño que nunca se nota y valora. Hacerles sentir a los niños que eso es trabajo, que pesa, que importa, que está lleno de interés o cariño, preocupación o cuidado, podría colaborar en el reconocimiento de sus espacios, de la valoración de las actividades de aquellos que en su casa se preocupan por esa función.
Recordemos que nuestra tarea no es ofrecerles una "burbuja" que sea completamente diferente a lo que viven en sus casas, sino tratar de ayudar a que valoren lo que tienen, pero que además puedan (tremendo optimismo el que me guía) señalar y solicitar un poco de respeto a sus "derechos" más elementales.
Finalmente, el diario de Heidi, que no he comentado aun, me dejó pensando en muchas cosas. Por un lado sigue rondando la interrogante que a ella le inquieta: ¿cómo introducir el patrimonio, su valoración en estas comunidades? Más allá de la necesidad de una investigación que permita mostrar cuál es el patrimonio que sí valoran y por qué no valoran otros patrimonios que no sienten suyos. Como sabemos, el proyecto nacional enclavado en la noción de patrimonio incluye a estos grupos no como poseedores de un patrimonio, sino como parte nuestro patrimonio. Los mexicanos tenemos diversidades culturales, ese es nuestro patrimonio diverso, los niños que nos vienen a visitar son parte de él, lo respresentan; pero ellos, qué patrimonio tienen, ¿pueden ser realmente parte de el patrimonio de otros, del de nosotros? ¿que factores violentos les introducimos cuando los "patrimonializamos"? ¿no los estamos patrimonializando con el simple gesto de darles un curso de verano especial para ellos? Las discusiones de lo multicultural y el multiculturalismo deben ayudarnos a repensar seriamente estas cuestiones.
Es todo. Perdonen los errores tipográficos y la edición un tanto descompuesta, tengo prisa por bajar y en los últimos tiempos la escritura ha salido tal cual, sin revisión y sin edición. Quizá sirva para dejar salir las ideas, las reflexiones y las vivencias más en bruto.
De entrada comento el texto de Norma. Es interesante, sobre todo, porque muestra un interés por aquellos niños que se han quedado fuera de las actividades, en parte por su edad, pero en parte, también, porque no se dejan atrapar tan fácil. No sólo por "latosos", "inquietos" o "traviesos", sino porque algo en ellos, a mi me lo parece, indica cierto malestar. No con nosotros, creo, sino con su situación, con las "oportunidades" vitales, con sus condiciones de vida. No es lo mismo entrar a formar parte del mundo a los ocho, nueve o diez años que a los doce o trece; las responsabilidades, las posibilidades, la socialización incluso, cambia rádicalmente.
Los niños, dicho así en abstracto, parecen estar más cerca del adulto sin que ello agreda su personalidad, se integran con nosotros y de alguna manera trabajan para que los veamos trabajar, para que valoremos o no sus actividades, para entregarnos un poco de lo que han hecho. Así, me parece, reciben nuestro interés de manera gratificante, se sienten mirados y responden participando con gusto en las actividades. Al parecer son "individuos solitarios" que se vinculan con los adultos directamente, personalmente. Eso facilita la relación.
Los "chavos", también es pura especulación, no funcionan así. Antes de estrechar o trazar una relación con nosotros, deben solicitar autorización al interior de su grupo. Ellos no se vinculan con alguno de nosotros de manera personal o directa, sino a través de los que el grupo es y lo que el grupo necesita. Son un grupo, por ello, mientras más integrantes lo conformen más complicado es entrar entre ellos para invitarlos a participar. Norma lo comentaba, individualmente parece que no les interesa, y es que no pueden mostrar nada individualmente si no es aprobado por el resto del grupo. Pasó un poco en la actividad de la plastilina. Ahí los grandes no podían trabajar sin pedirle al de junto que le señalara la pertinencia o no de su figura, pero no se sumaban para construir una visión común, sino para desmontar toda posibilidad de hacer algo en común, y mucho más si ello implicaba sumarse a un colectivo que no era el que sentían cercano (con niñas o con niños más chicos.)
Los niños chicos son diferentes, ellos también requieren aprobación pero la buscan con nosotros, les preocupa no hacerlo "bonito" pero el que mide esa calidad no es el de junto sino los adultos. Ninguno, evidentemente, está fijando un criterio de "calidad" autónomo, quizá alguno de ellos, como Darío (me parece) que aveces logra clavarse y elaborar sus temas para él, porque le gustan. Otras veces alguno de los grandes puede tratar de safarse de la mirada de su compañero para lanzar una imagen que diga algo de su situación, que exprese un poco lo que le pasa. Creo que es por ahí por donde debemos seguir fomentando su trabajo. Que expresen y que digan con los materiales, la pintura, las actividades, lo que les incomoda o molesta, lo que les irrita. Evidentemente no se trata de "hacer estallar una bomba," no creo que tengan la confianza para hacerlo, además tampoco son tan grandes, y de pronto siguen moviéndose en este ámbito en donde al dejar de ser niños y no tener un grupo propio (chavos de su edad que imponen una serie de normas, reglas, pautas, etc.) se les puede interrogar sobre ellos mismos, sobre su distancia ya clara con sus mayores y sobre su distancia, también real, con los chavos más grandes con los que viven y que aun no dominan o marcan sus comportamientos. Pura especulación que podría servirnos para enfrentar diferencialmente (sin marginarlos) a los que están generando situaciones nuevas.
El diario de Karen también fue importante. En él aparece en escena el trabajo talachudo que poco se ve y que permite cierto funcionamiento. Importa tener presente su esfuerzo y su interés para hacerles nuestras observaciones y para acompañarlas un poco más en sus tareas. Para introducir a los niños en su espacio y para hacerles notar el esfuerzo que implican estas tareas. Recordemos, sólo como ejemplo, a las madres solicitando un poco de apoyo o comprensión por el desgaste de un trabajo hogareño que nunca se nota y valora. Hacerles sentir a los niños que eso es trabajo, que pesa, que importa, que está lleno de interés o cariño, preocupación o cuidado, podría colaborar en el reconocimiento de sus espacios, de la valoración de las actividades de aquellos que en su casa se preocupan por esa función.
Recordemos que nuestra tarea no es ofrecerles una "burbuja" que sea completamente diferente a lo que viven en sus casas, sino tratar de ayudar a que valoren lo que tienen, pero que además puedan (tremendo optimismo el que me guía) señalar y solicitar un poco de respeto a sus "derechos" más elementales.
Finalmente, el diario de Heidi, que no he comentado aun, me dejó pensando en muchas cosas. Por un lado sigue rondando la interrogante que a ella le inquieta: ¿cómo introducir el patrimonio, su valoración en estas comunidades? Más allá de la necesidad de una investigación que permita mostrar cuál es el patrimonio que sí valoran y por qué no valoran otros patrimonios que no sienten suyos. Como sabemos, el proyecto nacional enclavado en la noción de patrimonio incluye a estos grupos no como poseedores de un patrimonio, sino como parte nuestro patrimonio. Los mexicanos tenemos diversidades culturales, ese es nuestro patrimonio diverso, los niños que nos vienen a visitar son parte de él, lo respresentan; pero ellos, qué patrimonio tienen, ¿pueden ser realmente parte de el patrimonio de otros, del de nosotros? ¿que factores violentos les introducimos cuando los "patrimonializamos"? ¿no los estamos patrimonializando con el simple gesto de darles un curso de verano especial para ellos? Las discusiones de lo multicultural y el multiculturalismo deben ayudarnos a repensar seriamente estas cuestiones.
Es todo. Perdonen los errores tipográficos y la edición un tanto descompuesta, tengo prisa por bajar y en los últimos tiempos la escritura ha salido tal cual, sin revisión y sin edición. Quizá sirva para dejar salir las ideas, las reflexiones y las vivencias más en bruto.

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