Estamos cerca del final. Nuestro cuerpo lo señala. A mí, particularmente, me duelen aun las piernas y los ojos reclaman con ardor molesto las pocas horas de sueño. Las noches no han sido las mismas desde que iniciamos el curso de verano. Como siempre, cuando los días se inundan de novedades y tensiones, en estas noches la cabeza y las imágenes que la saturan no dejan dormir bien. No sólo es el curso, cabe aclarar, además, como algunos saben estoy intentando escribir la tesis de doctorado. Por eso los días se han vulto extraños: niños en la mañana, novelas históricas en la tarde. Por eso se me cruzan de vez en cuando, en medio de la noche, todas las imágenes.
Ahora no. Hoy me siguen dando vueltas los diarios de las gastrónomas. Me gustan, me siguen gustando. Hay en ellos algo de la frescura que aveces se nos pierde cuando las teorías se nos imponen como formas de clasificación del mundo. Esto lo cruzo con un comentario de Norma en torno a las interpretaciones de Diego, comentadas en una plática entre Norma, Sandra y Raquel.
Me explico, para que esto siga siendo el diario que es y no se convierta en el chismógrafo que amenaza ser.
Como he mencionado cada uno de nosotros establece una relación con los niños a partir de sus propios supuestos, prejuicios, conocimientos, experiencias. Es imposible que sea de otra forma.
Unos presupuestos son más teóricos que otros. Desde luego, los psicólogosd, por ejemplo, han construido un aparato teórico interpretativo muy sólido que se relaciona con la posibilidad de explicar las conductas visibles de las personas acudiendo a develar o decubrir algo que las propias conductas ocultan. Ellos creen, como nosotros, además, que las cosas no son lo que parecen que son, que algo ocultan. Para ellos su punto de mira es el sujeto, y más precisamente, el inconciente de ese sujeto. Lo que él no sabe de el mismo. Hay muchas teorías psicológicas, incluso que se contraponen y oponen. A mí, particularmente, me resuenan muchas de ellas y creo que son útiles, importantes, necesarias para explicar muchas de las cosas que los seres humanos realizamos.
Pero mi formación es otra. Más cercana a la atención de una preocupación de índole social o cultural. Pero no deja de ser un tanto "ilustrada," como la de todas las teorías que suponen producir explicaciones de la acción de un individuo más allá de lo que los sujetos pueden comprender de sí mismos. No hay tanta diferencia en explicar la acción de un sujeto como producto de la violencia social en la que viven, de la clase social en la que se inscriben, del grupo cultural al que pertenecesn, con explicarla indagando en torno a la constitución psíquica, el inconsciente, incluso pensando en la estructura génetica, biológica, del individuo. Todas ellas suponen un saber que no tiene el individuo o la colectividad social que tratan explicar. Por ello es ilustrada, ilumina lo oscuro, lo que no se ve, lo que no se sabe.
Sin embargo, hay grados o niveles, es decir, diferentes posiciones en torno a la legitimidad o valor de ese saber que devela lo oculto. Tanto la antropología como la sociología o la historia comparten, con algunas teorías psicológicas, el reconocimiento de que el sujeto que investiga es también un sujeto social, cultural, histórico, psíquico. Y que su acción de conocer o explicar está regulada, marcada, influida, limitada por su orden cultural, social, histórico, psíquico. En este sentido más que explicar acciones lo que proponen es comprenderlas o interpretarlas. Con ello han trazado una distancia enorme con su herencia ilustrada, o la han modificado un poco a través de la herencia que el romanticismo y la hermenéutica decimonónica habían elaborado cuando las ciencias sociales surgieron como tales. Pero eso es otro tema.
Por el momento, lo importante, es seguir la reflexión que la hermenéutica abrió, a través de la cual propuso que más que explicar lo que uno puede hacer es comprender, y que en este acto no sólo se comprende a los otros sino a uno mismo. Para lograr esa comprensión el diálogo es uno de los procedimientos de trabajo más importantes. Se trata de hablar para entender las razones del otro, se trata de observar como habla uno mismo para entender nuestra misma posición. En este sentido no hay lugar privilegiado para mirar, todos tenemos nuestros puntos ciegos, por ello dialogar e intercambiar opiniones nos puede servir para revisar nuetros presupuestos y comprendernos. Decir que los psicólogos son reduccionistas, es lo mismo que señalar que los antropólogos lo son. De hecho, todos lo somos un poco. Más que criticar, siguiendo el viejo paradigma ilsutrado, se trata de dialogar. Eso debemos intentar con este diario y con los suyos individuales. Creo. Espero. Por lo menos es ese mi deseo (bien inconsciente, imagino).
Rregreso a las gastrónomas y la aparente frescura que dicta sus diarios. Ni es frescura que suene a ingenuidad, por lo menos no debe serlo de entrada. Creo que hay que preguntarles más desde donde escriben y por qué lo hacen así para que nos devuelvan un poco de su mirada, de sus presupuestos. Lo que es cierto es que han trabajado intensamente y que sigue siendo productivo el lugar común que nos han ofrecido: barriga llena, corazón contento.
Ahora no. Hoy me siguen dando vueltas los diarios de las gastrónomas. Me gustan, me siguen gustando. Hay en ellos algo de la frescura que aveces se nos pierde cuando las teorías se nos imponen como formas de clasificación del mundo. Esto lo cruzo con un comentario de Norma en torno a las interpretaciones de Diego, comentadas en una plática entre Norma, Sandra y Raquel.
Me explico, para que esto siga siendo el diario que es y no se convierta en el chismógrafo que amenaza ser.
Como he mencionado cada uno de nosotros establece una relación con los niños a partir de sus propios supuestos, prejuicios, conocimientos, experiencias. Es imposible que sea de otra forma.
Unos presupuestos son más teóricos que otros. Desde luego, los psicólogosd, por ejemplo, han construido un aparato teórico interpretativo muy sólido que se relaciona con la posibilidad de explicar las conductas visibles de las personas acudiendo a develar o decubrir algo que las propias conductas ocultan. Ellos creen, como nosotros, además, que las cosas no son lo que parecen que son, que algo ocultan. Para ellos su punto de mira es el sujeto, y más precisamente, el inconciente de ese sujeto. Lo que él no sabe de el mismo. Hay muchas teorías psicológicas, incluso que se contraponen y oponen. A mí, particularmente, me resuenan muchas de ellas y creo que son útiles, importantes, necesarias para explicar muchas de las cosas que los seres humanos realizamos.
Pero mi formación es otra. Más cercana a la atención de una preocupación de índole social o cultural. Pero no deja de ser un tanto "ilustrada," como la de todas las teorías que suponen producir explicaciones de la acción de un individuo más allá de lo que los sujetos pueden comprender de sí mismos. No hay tanta diferencia en explicar la acción de un sujeto como producto de la violencia social en la que viven, de la clase social en la que se inscriben, del grupo cultural al que pertenecesn, con explicarla indagando en torno a la constitución psíquica, el inconsciente, incluso pensando en la estructura génetica, biológica, del individuo. Todas ellas suponen un saber que no tiene el individuo o la colectividad social que tratan explicar. Por ello es ilustrada, ilumina lo oscuro, lo que no se ve, lo que no se sabe.
Sin embargo, hay grados o niveles, es decir, diferentes posiciones en torno a la legitimidad o valor de ese saber que devela lo oculto. Tanto la antropología como la sociología o la historia comparten, con algunas teorías psicológicas, el reconocimiento de que el sujeto que investiga es también un sujeto social, cultural, histórico, psíquico. Y que su acción de conocer o explicar está regulada, marcada, influida, limitada por su orden cultural, social, histórico, psíquico. En este sentido más que explicar acciones lo que proponen es comprenderlas o interpretarlas. Con ello han trazado una distancia enorme con su herencia ilustrada, o la han modificado un poco a través de la herencia que el romanticismo y la hermenéutica decimonónica habían elaborado cuando las ciencias sociales surgieron como tales. Pero eso es otro tema.
Por el momento, lo importante, es seguir la reflexión que la hermenéutica abrió, a través de la cual propuso que más que explicar lo que uno puede hacer es comprender, y que en este acto no sólo se comprende a los otros sino a uno mismo. Para lograr esa comprensión el diálogo es uno de los procedimientos de trabajo más importantes. Se trata de hablar para entender las razones del otro, se trata de observar como habla uno mismo para entender nuestra misma posición. En este sentido no hay lugar privilegiado para mirar, todos tenemos nuestros puntos ciegos, por ello dialogar e intercambiar opiniones nos puede servir para revisar nuetros presupuestos y comprendernos. Decir que los psicólogos son reduccionistas, es lo mismo que señalar que los antropólogos lo son. De hecho, todos lo somos un poco. Más que criticar, siguiendo el viejo paradigma ilsutrado, se trata de dialogar. Eso debemos intentar con este diario y con los suyos individuales. Creo. Espero. Por lo menos es ese mi deseo (bien inconsciente, imagino).
Rregreso a las gastrónomas y la aparente frescura que dicta sus diarios. Ni es frescura que suene a ingenuidad, por lo menos no debe serlo de entrada. Creo que hay que preguntarles más desde donde escriben y por qué lo hacen así para que nos devuelvan un poco de su mirada, de sus presupuestos. Lo que es cierto es que han trabajado intensamente y que sigue siendo productivo el lugar común que nos han ofrecido: barriga llena, corazón contento.

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