domingo, julio 17, 2005

Aunque había diccho que esta carta no entraría a formar parte del diario, decidí integrarla, para hacer después, de ella, parte de los textos por observar y trabajar, en el sentido de mostrar la manera cómo se fueron generando ciertos vínculos. Así que la mando completa:

De cómo un diario se convirtió en una carta de despedida

En Ersilia, para establecer las relaciones que rigen la vida de la ciudad, los habitantes tienden hilos entre los ángulos de las casas, blancos o negros o grises o blanquinegros, según indiquen las relaciones de parentesco, intercambio, autoridad, representación. Cuando los hilos son tantos que ya no se puede pasar entre medio, los habitantes se marchan: las casas se desmontan; quedan sólo los hilos y los soportes de los hilos.

Desde la cuesta de un monte, acampados con sus trastos, los prófugos de Ersilia miran la maraña de los hilos tendidos y los palos que se levantan en la llanura. Y aquello es todavía la ciudad de Ersilia, y ellos no son nada.

Vuelven a edificar Ersilia en otra parte. Tejen con los hilos una figura similar que quisieran más complicada y al mismo tiempo más regular que la otra. Después la abandonan y se trasladan aún más lejos con sus casas.
Viajando así por el territorio de Ersilia encuentran las ruinas de las ciudades abandonadas, sin los muros que no duran, sin los huesos de los muertos que el viento hace rodar: telarañas de relaciones intrincadas que buscan una forma.

Italo Calvino, Las ciudades invisibles.

La descripción que Calvino hace de Ersilia es la mejor forma de describir lo que siento hoy que termina el curso de verano. Como comenté cuando leí este fragmento hace un momento en el salón, había escrito ya unas notas que no se pudieron imprimir en el diario por efectos mágicos e inquietantes. En el texto decía las últimas impresiones y trataba de mostrar mi satisfacción por todo lo trabajado en estos días, decía además, que como Yoania, prefería escribir que hablar. Pero al no lograr imprimir el texto pensé que era necesario hablar un poco con ustedes de lo que ese texto quería transmitir. Ahora que estoy tratando de reconstruir lo que ahí decía me doy cuenta de la irrelevancia de esta tarea. Ya se los dije y poco sentido tiene volverlo a hacer en el diario.

Sin embargo, me doy cuenta también, que hay elementos que sí me interesa intentar recuperar, sobre todo los relacionados a la sensación de pérdida y continuidad que Ersilia produce. La existencia de una telaraña que vemos desde la cuesta indica que nosotros ya no estamos allá, ni en ningún lado. Indica un vacío de personas y una fabricación de redes. Ya no somos el equipo que se creó para planear y llevar a cabo un curso de verano. Aunque las redes, los hilos, la maraña está ahí, trazada con la densidad que toda maraña tiene y con la capacidad de soportar que ella inaugura. Decir red implica aceptar una serie de nudos, tensiones, relaciones completamente extrañas, contingentes, inciertas, fortuitas, así como señalar un soporte, un contenedor, un espacio que permite cachar, pero también atrapar, al que caiga en ella.

Así me encuentro. Atrapado y cachado por la red que hemos fabricado. Preocupado por resolver cómo le hago para que la red que hemos creado hasta ahora sea contenedor de los siguientes prestadores de servicio, así como de los niños que nos han ayudado a crear la maraña en la que nos encontramos. Que sea contenedor implicaría que permita trazar nuevas relaciones sin que la maraña se convierta en institución que imponga una ley a aquellos que se integran por vez primera. El punto estriba en cómo olvidar los vínculos creados con ustedes para que los que vienen no sean medidos con la expectativa que ustedes mismos han creado; es decir cómo recordarlos para que sean soporte de las acciones siguientes. Sobra decir, ¿sobra decir? que si me encuentro en estas dudas es porque la telaraña trazada me tiene enmarañado, que no quiero olvidar los vínculos elaborados pero tampoco quiero que lo que sigue sea siempre medido en función de lo que fue.

El conflicto está en que lo que ha sucedido entre nosotros es final para ustedes e inicio para el proyecto que apenas comienza para mí. Aunque tiene raíces de otros que sin que ustedes lo supieran del todo ya marcaban lo que podía o no podía hacer y ser este curso de verano. Me interesaba continuar de alguna manera los proyectos de servicio social que se habían realizado en el Colegio. Ellos fueron, en muchos sentidos, huella que sigue marcando y enseñando lo que debe ser, para mí, un servicio social. Sobre todo porque fueron formas estratégicas de los alumnos por apropiarse un proyecto y al mismo tiempo encargarse de su propio accionar como casi egresados de una universidad. Lo interesante de todos ellos fue que marcharon casi solos. Sin nadie que coordinara de manera concreta los fines, las estrategias, las posibilidades de realización de lo que estaban haciendo. Por eso temía y sigo temiendo que la entrada de la institución a través de un profesor de tiempo completo elimine la autonomía que había permitido elaborar un proyecto propio. Por eso traté de dejar que este fuera proyecto común para que no se impusiera mi manera de ser, de ver, de hacer y traté, en la medida de lo posible, de ausentarme o involucrarme paulatinamente, de estar a medias o de estar completamente sin que ello implicara que mi voz fuera la única autorizada para hacer o no hacer, para decidir.
La dificultad estaba y sigue estando en que ausentarme podía tomarse como una especie de desafane que las dejaba solas en el asunto. Presentarme, por su parte, tenía la amenaza de que se hicieran las cosas como yo las haría. Por eso quise estar como si fuera uno de los que ayudaban a que las cosas salieran, casi como emergente que pudiera meterse de vez en cuando para apoyar a aquellos en los que había recaído la responsabilidad de coordinar el curso, los talleres, las actividades. Creo que en términos generales se dio así, fueron más los momentos en los que acordamos, intercambiamos, decidimos colectivamente o a través de diálogo que los momentos en que yo decidí lo que debía de hacerse arbitrariamente. Me costó trabajo, aunque lo duden. Y es que haber trabajado con niños anteriormente me hacía querer estar de fondo en la organización, hacerla a mi modo, pero sabía que de hacerlo así dificultaría que algunos de ustedes se apropiaran de ello.
En realidad las cosas fueron más sencillas de lo que refiero y es que las relaciones con aquellos responsables formalmente o no de la organización general fueron, me parece, lo suficientemente claras y estrechas como para que ellas no se sintieran incómodas con mis observaciones, las acataran al pie de la letra o se molestaran por que impusiera un orden que no era el que querían. De no ser así me importaría saberlo. Sobre todo con Roxana, Carolina y Nallely, pues creo que con ellas fui más incisivo en algunos comentarios, y ello porque sabía que no me harían más caso del necesario. El gesto manual de Roxana con el que me despediste el día de ayer muestra lo evidente: no te preocupes acá nos quedamos, no es necesario que estés por acá, (por lo menos eso quiero creer). En ese sentido la relación contigo, Roxana, ha sido para mí sumamente importante. Incluso estoy seguro que el curso ha sido una forma de encontrar intereses comunes, de abrir la posibilidad de dar y recibir, intercambiar, seguir trabajando en lo mismo.
Carolina y Nallely, por su parte (aunque también puedo estar sobreinterpretándolas), tienen un interés por moverse y formarse tan fuerte que las críticas, comentarios, opiniones, les vienen bien, por eso les llegan y por eso se quedan pensando un tiempo largo en ellas. Particularmente Nallely has querido y has logrado ser elemento de orden, aunque a veces preguntas como si no supieras que hacer, haces lo que quieres y como lo quieres. Eso, aunque suene a crítica, es reconocimiento. Para mí fue central que estuvieras organizando todo desde el inicio, que sirvieras de enlace, de puente, de hilo conductor. A veces, la fuerza que muestras, provoca que uno deje de decir lo que debe decir, es decir, que deje de reconocerte lo importante que fuiste para que el curso se hiciera.
Contigo Carolina las cosas fueron un tanto parecidas, pero con intensidades distintas y con ritmos mucho más discretos. Tus lazos conmigo son menos notorios, pero no menos fuertes. No demandas, aunque estás. Además creo que tu interés por cuestionarte y pensarte, formarte y entregarte es completamente enérgico. Queda pendiente, me interesa de fondo, trabajar contigo esa tesis que se que será experiencia distinta pero no menos formativa para ambos. Creo, además, al igual que con Nallely quedaba pendiente decirte lo central que fue tu presencia en este proyecto.
Contigo Yoania el hilo tiene tensiones y marcas diferentes. Tu dureza, claridad, contundencia son apantallantes. Tu responsabilidad también. En aparente discreción sostuviste más de lo que a veces se notaba. Pero tus diarios me han permitido saber lo que te pasa de fondo, las inconformidades, los enojos, los reclamos; así como el gusto y el aprendizaje que esto te ha dejado.
Paula, también tienes ritmos diferentes. Corajes distintos y entregas propias. A tu ritmo, de manera selectiva, trazas hilos que ni siquiera sabemos bien en dónde y cuándo están. Tu confrontación irónica, burlona, a veces despiadada me ha dejado mucho que pensar desde antes del curso de verano. Tu franqueza también.
Heidi, lo dije ya, has generado un impacto fuerte. El compromiso que te caracterizó desde un principio, y que se medía con quejas fuertes y llamadas de atención rotundas, se fue convirtiendo en una enorme posibilidad de estar entre nosotros, de integrarte y de meterte de lleno en tu proyecto y en el nuestro, de hacer tu proyecto parte del nuestro. Las reflexiones que has realizado son, para mí, material importante para pensar contigo, desde ti, lo que puede ser enseñar el patrimonio cultural a niños indígenas.
Raquel y Sandra no se han dejado, por lo menos conmigo, presentar de manera individual. Son las talleristas de la oralidad que hacen suyo un proyecto que a veces muestran y otras ocultan. Invitan a él, pero, así lo siento, se sienten defraudadas, poco entendidas, poco apoyadas por uno. Personalmente me encanta su trabajo, la idea de su trabajo, la intención de su trabajo. Entiendo, además, que han puesto su fuerza en el asilo y ello las alejó de la otra sección del servicio social por razones diversas que no toca detallar ahora. Importa insistir que el servicio social se compone de cuatro proyectos diferentes: el curso de verano, lo que Heidi está realizando, el trabajo de oralidad con los ancianos y con los niños que ustedes hacen y lo que haremos a partir de agosto los cinco que nos quedamos (Jimena, Norma, Karen, Gabriela y yo) En el curso nos cruzamos todos y la red que se generó mostró las dificultades de querer sumar todo en un mismo espacio. Pero tenemos pendientes otros temas y quiero ver cómo podemos estrechar los hilos desde la escritura y la oralidad.
Jimena fuiste para mí una gran sorpresa. Ni siquiera se cómo explicarte la tranquilidad y confianza que me genera tu personalidad. La calma y el compromiso, la entrega y la innumerable cantidad de detalles discretos pero firmes me permiten sentir que tus hilos tienen la discreción y resistencia que una buena red debe contener.
Norma lo mismo. Un poco más tímida, distanciada, alerta. Pero con una mirada atenta y rigurosa, de esas que se colocan en donde nadie se atrevió a mirar pero que requiere la atención de nosotros. Mirar a los que no son mirados y comprenderlos desde su condición marginal es fundamental para atender mejor a un grupo de niños. Ahí tu sensibilidad fue clave y contundente.
Karen y Gabriela han sido objeto de atención de los últimos diarios. Queda abierta una relación que sea menos abastecedora y más recíproca, ellas son, de alguna manera, las que más han dado sin haber recibido mucho a cambio.
Diego fue entrada sigilosa, a veces con más ruido del que queríamos y otras, con la discreción necesaria para apuntalar un orden que se hizo sin notarlo. También es muestra de cómo regresar por allá, con psicología, lo que nos han dado.
Beto y Deborah, lo dije ya, me dejan la muestra de que servir es mucho más que cumplir con un requisito. Su huella, creo, dejó una marca muy seria, muy fuerte, en la red que ha quedado inscrita en el Gran Claustro. A tí Beto, en particular, quiero decirte que me entusiasmó no sólo la relación estrecha que creaste con los niños, también, los comentarios que nos hiciste y la manera en que permitieron hacer esto más integrado.
Nahum, también estuvo ahí, apoyando a quien debía y generando la confianza a quien tenía que acompañar.
Ni quiero hacer de esto una lastimosa despedida, pero en los momentos de terminar algo se me da lo cursi, lo sentimental y, ni modo, no podía ni quería dejar de ser con ustedes como soy.




1 Comments:

Blogger fofi said...

gracias por ayudarnos a conocer la tecnología y saber usarla

5:18 p.m.  

Publicar un comentario

<< Home